LOS SENTIDOS: «ESTILOS DE VISIÓN»
Del libro ANAM CARA de John O’Donohue:
Si sintonizas con la sabiduría de tus sentidos, jamás serás un exiliado en tu propia vida, un forastero perdido en un lugar espiritual exterior construido por tu voluntad y tu intelecto.
El mundo de los sentidos sugiere un mundo más profundo, lleno de luz y posibilidad.
Aunque consideremos cada sentido por separado, es importante comprender que siempre actúan juntos.
CÓMO MIRO……
La diferencia entre la contemplación y una mirada escrutadora, es que cuando contemplas algo, lo incorporas a ti, mientras que cuando te miran con una mirada escrutadora, el ojo del otro es tiránico. Te conviertes en objeto de la mirada del otro, de un modo humillante, invasivo y amenazante.El hecho de que aquello que vemos y cómo lo vemos determina cómo y quiénes somos es una sorprendente verdad.ESTILOS DE VISIÓN:Para el ojo temeroso, todo es amenazante. Si miras al mundo con temor, sólo podrás ver las cosas que pueden dañarte o amenazarte y concentrarte en ellas. El ojo temeroso siempre está acosado por las amenazas.Para el ojo codicioso, todo se puede poseer. La codicia es una de las fuerzas más poderosas del mundo occidental moderno. Lo triste es que el codicioso jamás disfrutará de lo que tiene, porque sólo puede pensar en aquello que aún no posee: tierras, libros, empresas, ideas, dinero o arte. El motor y la aspiración de la codicia siempre son los mismos. La felicidad es posesión, pero lamentablemente el afán de posesión nunca cesa; el hambre interior es insaciable. La codicia es dramática porque está siempre acosada por la posibilidad futura; jamás presta atención al presente. Sin embargo, el aspecto más siniestro de la codicia es su capacidad para anestesiar y anular el deseo. Destruye la inocencia natural del deseo, desmantela sus horizontes y los reemplaza por una posesividad ofensiva y atrofiada. Esta codicia envenena la Tierra y empobrece a sus habitantes. Tener se ha convertido en el enemigo siniestro de ser.Para el ojo que juzga, todo está encerrado en marcos inamovibles. Cuando mira hacia el exterior, ve las cosas en términos lineales y cuadrados. Siempre es excluyente y separatista, y es por eso por lo que jamás mira con espíritu de comprensión o celebración. Ver es juzgar. Lamentablemente, el ojo que juzga es igualmente severo consigo mismo. Sólo ve las imágenes de su atormentado interior proyectadas hacia el exterior desde su yo. El ojo que juzga recoge la superficie reflejada y la llama verdad. No posee el don de perdonar ni la imaginación suficiente para llegar al fondo de los asuntos, donde la verdad es siempre una paradoja. Una cultura dirigida por las imágenes es el corolario de la ideología del juicio superficial.El ojo rencoroso todo lo envidia. Los que han permitido que se forme el cáncer del resentimiento en su visión jamás pueden disfrutar delo que son o de lo que tienen. Siempre miran a los demás con resentimiento. Tal vez los vean más bellos, inteligentes o ricos que ellos. El ojo rencoroso vive de su pobreza y descuida su propia cosecha interior.Al ojo indiferente nada le interesa ni despierta. La indiferencia es uno de los rasgos de nuestra época, y se dice que es imprescindible para obtener poder. Para controlar a los demás se necesita ser indiferente a las necesidades y vulnerabilidades de los controlados, de tal manera que la indiferencia exige un gran compromiso de no ver. Para ignorar las cosas se precisa de una gran energía mental. Sin que lo sepas, la indiferencia puede llevarte más allá de las fronteras de la comprensión, la sanación y el amor. Cuando te vuelves indiferente, cedes todo tu poder. Tu imaginación se fija únicamente en el limbo del cinismo y la desesperación. Para el ojo inferior, todos los demás son maravillosos. Los otros siempre son más hermosos, inteligentes y dotados que uno mismo. El ojo inferior siempre aparta la vista de sus propios tesoros. Es incapaz de celebrar su presencia ni su potencial; es ciego a su belleza secreta. El ojo humano no fue hecho para mirar hacia arriba de un modo que pueda potenciar la superioridad del otro, ni para mirar hacia abajo para reducir al otro a la inferioridad. Mirar a alguien a los ojos es un bello testimonio de verdad, coraje y expectativa. Cada uno ocupa un terreno común, pero diferente.Para el ojo que ama, todo es real. El arte del amor nuca es sentimental o ingenuo. Este amor es el mayor criterio de verdad, celebración y realidad. La poetisa escocesa Kathleen Raine afirma que aquello que no ves a la luz del amor no lo ves en absoluto. El amor es la luz en la que vemos la luz, en la que vemos cada cosa en su verdadero origen, naturaleza y destino. Si pudiéramos contemplar el mundo de un modo amoroso, éste se alzaría ante nosotros como un lugar repleto de invitaciones, posibilidades y profundidad.El ojo amoroso puede incluso transmutar el dolor, el daño y la violencia hacia la transfiguración y la renovación.Es luminoso porque es autónomo y libre. Todo lo contempla con ternura. No se queda atrapado en aspiraciones de poder, seducción, oposición o complicidades. Tal visión es siempre creativa y subversiva. Se eleva por encima de la patética aritmética de la culpa y el juicio, y asimila la experiencia en su origen, estructura y destino. El ojo que ama ve más allá de la imagen y crea los cambios más profundos. La visión tiene un papel primordial en tu presencia y creatividad..Reconocer la manera que tienes de ver las cosas puede llevarte al autoconocimiento y a entrever los maravillosos tesoros que la vida oculta.





