Qué es la Meditación
La meditación es el arte de la atención y de la concentración. Cuanto más aprendemos a concentrarnos y a poner atención, mayor es el nivel de meditación que uno alcanza. Y son esos niveles de atención y concentración los que nos hacen despertar del sueño en el que vivimos. Y cuando nos referimos a ese «sueño» no estamos hablando del sueño nocturno en nuestra cama. Estamos hablando de otra cosa. Estamos hablando de que no somos capaces de apreciar la vida porque estamos simple y llanamente «entretenidos», «atontados», con todo los pensamientos que pasan a millones por nuestra mente.
¿Te has dado cuenta que la mente nunca para?. Fray Luis de León la llamaba «la loca de la casa». Y es que realmente, si te paras a pensarlo, es una locura. En la mente se establecen diálogos en los que unas preguntas te llevan a unas respuestas y éstas a otras preguntas y así sucesivamente. Un pensamiento crea otro pensamiento a una velocidad de vértigo. Quizás por eso la televisión ha tenido tanto éxito. Los científicos han comprobado que cuando una persona mira televisión casi no hay actividad eléctrica en su cerebro. No piensa. Podríamos decir que es como una meditación si no fuera porque en vez de conectarnos con nuestro interior, con nuestro yo más profundo, nos conecta con otras cosas que mejor no analizarlas para no deprimirnos.
Pero lo que sí consigue la televisión es parar el flujo de pensamientos y lograr que nos concentremos absolutamente en ese programa, serie o película. La meditación también logra que podamos concentrarnos y podamos poner atención en nosotros, en nuestra respiración, en nuestro cuerpo, en nuestro silencio. El fin de la meditación es que lleguemos a conectar con nosotros mismos, con lo que muchos llaman el «yo profundo». Pero…a lo que íbamos: que estamos dormidos. Sólo puedes comprender una cosa cuando experimentas su contrario: sabes lo que es el frío porque has experimentado el calor. Sabes lo que es día porque has experimentado la oscuridad. Pues de igual manera el día que a través de la meditación comprendas qué eres, dónde estás, cómo sientes…, ese día comprenderás qué es el sueño del que hablamos.
En lengua castellana tenemos un pequeño problema con el término meditación. En español solemos identificar meditar con reflexionar: «meditaré sobre ese asunto y te daré una respuesta». En realidad la meditación, en sentido espiritual, es lo contrario de «reflexionar». Reflexionar es pensar. Meditar es no pensar y dejar pasar los pensamientos para no engancharse en ellos. ¡Curiosidades del lenguaje y el significado de las palabras!. Como cosa curiosa te dejamos este vídeo para que «reflexiones» sobre sus imágenes. No te dejarán indiferente.
La Meditación: ¿Para qué meditamos?
«Sólo tienen la verdadera salud los que conocen su propia vitalidad y descubren el vivir al desplegar esta fuerza» Haruchika Noguchi
MEDITAMOS para poder descubrir la dignidad de nuestra existencia.
Y darnos cuenta de que la dignidad no tiene nada que ver ni con la profesión ni con ninguna pose con la que necesitamos identificarnos. Para conectar con nuestra dignidad no hay que demostrar ni esperar nada….NO HAY QUE HACER NADA, sino sencillamente ESTAR, estar contigo mismo, con todo lo que tu eres. Poder verlo y respirarlo. No escaparse de lo que uno es.
¿Qué actitud es necesaria mantener en la meditación?
En la meditación es necesaria una actitud honesta. La honestidad nos obliga a prestarnos atención, a observarnos, a poder transitar por nuestro inconsciente sin juzgar lo que no nos gusta, y poder mirarlo tranquilamente, sin rehuirlo. Desarrollando una actitud amorosa. En el AMOR hay cariño, comprensión, perdón y responsabilidad.

¿Cómo vamos aprendiendo a meditar?
Al principio, en la meditación, nos agarramos a los pensamientos, emociones …que surgen, creyendo que somos esos pensamientos, sensaciones…después van perdiendo fuerza y nos damos cuenta de que somos más que esos pensamientos y emociones….vamos dejando el apego a nuestras identificaciones para ir aprendiendo a fluir porque dejamos de buscar, sólo observamos, fluimos con aquello que surge sin detenernos.
No aprendemos a MEDITAR para disociarnos de nuestra vida cotidiana, utilizando únicamente la meditación como refugio, sino que lo incorporamos a nuestra vida. Esta actitud de estar con nosotros en el día a día lo expresa Dhiravamsa de esta manera: « hemos de oir lo que oímos, sentir lo que sentimos y ver lo que vemos».






